dimarts, 3 de desembre de 2013

Comunicado de Camaradas de El Cairo: ¡No necesitamos permiso para protestar !

Faig difussió d'aquest escrit que he rebut avui provinent del Caire:
¡No necesitamos permiso para protestar !

 Para vosotrxs a cuyo lado luchamos:

 El 26 de noviembre 2013, vimos la primera puesta en práctica de la nueva ley egipcia para prohibir de hecho todas y cada una de las protestas no autorizadas y reguladas por el Ministerio del Interior. Es el mismo Ministerio del Interior cuyos soldados han matado a miles de manifestantes, mutilado a decenas de miles y torturado a innumerables personas en los últimos años. Este aparato de seguridad está actuando con renovada arrogancia desde el golpe de julio que devolvió al ejército egipcio a una posición de autoridad directa. Hacia el mediodía del 26 de noviembre, la policía antidisturbios atacó la protesta en conmemoración del asesinato de Gaber "Gika" Salah hace un año. Anunciando que la protesta era ilegal, la policía disparó cañones de agua y luego cargó contra los manifestantes con porras, arrestando a varios de ellos. Horas más tarde, la campaña ¨No a los juicios militares contra los civiles¨ organizó una protesta en contra de la nueva ley anti-protesta, y contra la inclusión de juicios militares a civiles en la Constitución que se está redactando actualmente. Esta vez, la policía golpeó y arrestó a decenas de ellos, entre los que se encontraban algunos de los activistas más conocidos de Egipto, las mismas personas que lucharon contra la injusticia y la opresión de Mubarak, el CSFA (Consejo Superior de las Fuerzas Armadas), los Hermanos Musulmanes, y ahora Abdel Fattah al Sisi y el títere gobierno civil desde el golpe.
 La indignación pública por la publicación de imágenes de la carga policial y la agresión sexual a algunos manifestantes, obligó a las autoridades a liberar a todas las manifestantes femeninas, así como a abogados, periodistas y a un puñado de prominentes hombres detenidos, mientras mantienen a 24 manifestantes varones detenidos. Los manifestantes que protestaron contra la misma ley ilegítima en otros lugares de todo el país, permanecen igualmente bajo custodia. Lo ocurrido la semana pasada deja claro lo que busca el llamado sistema de justicia en Egipto, y la ley anti-protesta, en particular. Buscan simplemente la supresión de toda forma de actividad política o de protesta. La demonización de los Hermanos Musulmanes como terroristas, les proporciona la excusa para acabar con todo tipo de disidencia, incluyendo las continuas reclamaciones para que se cumplan las demandas de la revolución.

El 27 de noviembre, seis de las mujeres manifestantes liberadas informaron a la Fiscalía de que fueron ellas quienes convocaron la protesta, lo que según la nueva ley obligaría al fiscal a volver a arrestarlas. El fiscal ignoró su reivindicación, mientras ampliaba la detención de los 24 manifestantes varones, que han sido sometidos a tortura continua, por otros 15 días. En el tribunal, los detenidos interrumpieron la sesión al grito de "abajo con el régimen militar", y empezaron una huelga de hambre. 

 El 28 de noviembre, la represión continuó cuando la policía cercó una protesta estudiantil en apoyo a los Hermanos Musulmanes en la Universidad de El Cairo. Después de impedir que nadie pudiese salir del recinto, las fuerzas policiales lanzaron gases lacrimógenos, dispararon perdigones y munición real contra los manifestantes y otros estudiantes en su interior. Más tarde, esa misma noche, llegó a la morgue el cuerpo de Mohamed Reda, con heridas de bala. Sus amigos dicen que no era un activista político ni participaba en la protesta. El tribunal a su vez acusa de su asesinato a otros estudiantes detenidos en la protesta. Horas más tarde, la policía irrumpió en casa de Alaa Abdel Fattah, sin una orden de registro, lo golpearon a él y a su mujer y lo secuestraron; todo ello acusándolo de organizar la protesta del día 26. A la mañana siguiente, la fiscalía le interrogó en la Dirección de Seguridad de El Cairo y prolongó su detención por cuatro días, pendiente de la investigación. 

 La ley de protesta, draconiana y kafkiana en su misma esencia, no es la primera que se ha aprobado para, de hecho, penalizar la protesta desde 2011. El ejército y los Hermanos Musulmanes lo intentaron ambos, sin lograr que se aprobasen e hiciesen cumplir dichas leyes. Esta nueva ley llega con los atavíos del estado de derecho, supuestamente libre de peso político, pero su intención es clara: aplastar la disidencia y facultar además a la policía para utilizar la violencia y la fuerza letal. Los legisladores egipcios tienen incluso el descaro de usar la opresión en el extranjero para justificar la represión en el país. 

 Esta no es una llamada para reformar la ley de protesta. Se trata de un rechazo a todas esas leyes y del sistema detrás de la ley – un sistema que no es más que una nueva cara de aquél al que nos enfrentamos el 25 de enero de 2011. Tras el golpe militar del 3 de julio, la jerarquía del ejército nombró un gobierno formado por liberales, policías retirados y (los) generales del ejército, así como unos pocos que se considera participaron en la revolución del 25 de enero. En su afán por prohibir cualquier tipo de oposición en la calle, el papel de los liberales y de estos considerados "revolucionarios" es encubrir la violencia del régimen de seguridad. Estos personajes son los lacayos de la tentativa de recrear un Egipto pre-25 de enero, donde el asesinato por parte del régimen y la tortura se convierten en la norma. Su papel es evitar la indignación en la calle. La justificación para volver a este estado de normalidad anterior al 25 de enero es la lucha contra el " terror" y la necesidad de imponer la "estabilidad " y el "orden". 

 No vamos a protestar siguiendo el capricho y conveniencias de un régimen contrarrevolucionario y sus agentes armados. Tras el último intento de los generales de cooptar la revolución secuestrando las protestas del 30 de junio, siguiendo su propia avidez de poder, la Revolución del 25 de enero ha vuelto a las calles. 

 Nos opondremos al sistema en todos los lugares donde podamos. 
¡Apóyanos! 
Este sistema debe caer. 

 Camaradas de El Cairo


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