dijous, 4 de juliol de 2013

Golpe revolucionario o revolución golpista

Más de doce horas después del anuncio militar de la deposición de Mursi los debates siguen calientes y parece que lo que está sucediendo en Egipto da lugar a mucha confusión.
La caída del presidente de los Hermanos Musulmanes es una clara victoria de las fuerzas populares. La inmensa mayoría de la población así lo demostró y ante las movilizaciones del ultimo domingo y las firmas recogidas por la campaña Tamarrod, apelar a una supuesta legitimidad democrática del presidente parecen fuera de lugar. Especialmente cuando el mandato de este se ha caracterizado por el depotismo, la represión y los intentos de cooptar las instituciones estatales y imponer la agenda la hermandad al pueblo egipcio. Pero por encima de todo el principal error de Mursi fue el de romper desde el primer día los puentes que le unían a los actores sociales y sobretodo revolucionarios. El presidente incumplió ya muy pronto sus promesas hechas a los revolucionarios de crear un gobierno de coalición que ayudase a realizar las promesas revolucionarias. Los Hermanos Musulmanes, intentando ir solos se han acabado dando cuenta que un país tan grande necesita de un acuerdo mucho mayor. Y han pagado el precio con una intervención militar apoyada por la calle.
Aunque el escenario es muy parecido a la deposición de Mubarak, hay diferencias.
El comunicado militar de ayer tuvo una puesta en escena al menos distinta a la de febrero de 2011. Entonces el acuerdo fue con los Hermanos Musulmanes, aunque la puesta en escena no lo demostrará así visualmente. Esta vez fue acordado con un espectro mayor de las fuerzas sociales, al menos en número, aunque seguramente aún no representa un abanico lo suficientemente ancho.  Esas fuerzas hablaron tras el comunicado militar. El acuerdo se fraguó con gente como el diplomático el-Baradei, quien habló de una rectificación del camino revolucionario, con representantes del salafista Nour (sí, había oposición islamista a lo que aquí denominaban una guerra islamista-secular), quién habló de la necesidad de tomar ese paso para evitar la guerra civil, y lo hicieron también representantes de la campaña Tamarrod, de la iglesia copta y de la institución religiosa de Al-Azahar. Ese es quizás la principal diferencia entre aquél y este comunicado. Y es que las Fuerzas Armadas parecen ser las únicas en entender los errores del pasado.
La otra es que ni 30 segundos después de que se anunciara el anuncio militar se cortaron las señales televisivas de al menos 3 canales islamistas (Misr 25, Al-Hafez y El-Nariz) mientras la policia entraba en los estudios de Al Jazeera en la capital cairota. Además se lanzaba la prohibición de viaje a cerca de 270 líderes de los Hermanos Musulmanes y se practicaban cerca de 40 detenciones. Algunos afirman que la policía practicaba los arrestos al grito de "bienvenidos a la nueva era de libertades". Incluso el depuesto presidente parece estar bajo el control de las fuerzas armadas, que han desplegado sus tanques y fuerzas por las calles del país.
Como dije en el escrito de antes los militares practicaron ayer un anunciado golpe de estado que recibe el apoyo de una gran mayoría de la población del país. O al menos de aquella que se movilizó en las calles el domingo y que lo festejaba ayer en las plazas y calles. Un espectro que, como ya dije, incluye a gente cuyo objetivo dista mucho del de la revolución del 25 de enero, y por eso hace falta estar atentos.
Porque los militares decidieron romper la baraja? Bien, de entrada el pacto era contra-natura desde el primer día, impuesto por el extraordinario escenario político producido por el alzamiento popular de enero de 2011. Presionados por la Casa Blanca y acorralados por la calle, la única alternativa de los militares para salvar la silla pasaba por pactar con la que se creía la fuerza con mayor control de la calle, que todos los informes apuntaban a que eran los Hermanos Musulmanes. Se unían las dos fuerzas supuestamente históricamente más antagónicas del espectro político egipcio. Se trazaron unas líneas marco y unas líneas rojas que no se debían cruzar. Algunas se cruzaron, produciendo cíclicas crisis que amenazaban con la estabilidad del proceso. Curiosamente siempre antes de las citas con las urnas. Primero ante las legislativas, con los mandatos supraconstitucionales del documento Silmi, ante las presidenciales, por la formación de un gobierno islamista y que acabaría llevando a la hermandad a presentar presidenciable, y finalmente ante la crisis por la constitución, que se solucionó aceptando los islamistas todos los privilegios militares en aras de una frágil estabilidad. En materia económica el proyecto cuadraba y Mursi demostró ser mejor aliado de lo que Tel Aviv esperaba en lo que a estabilidad regional y respeto de Camp David se refiere.
Pero los militares se han hartado de la hermandad. Al fin y al cabo no dejan de ser parte esencial del antiguo régimen. De hecho ahí es donde erró por completo el tiro la formación islamista. Esta, conocedora de su frágil popularidad, buscó alianzas con los líderes del mubarakismo a través de las leyes de amnistía y una serie de revisiones judiciales que han llevado a que más de una quincena de ex-ministros y cabecillas del antiguo régimen hayan visto sus casos revisados alcanzando absoluciones y liberaciones impensables. Sin embargo y en paralelo la hermandad no intentó desmontar el antiguo régimen. Intentó cooptarlo y controlarlo desde dentro. Desde el ministerio de cultura, al de electricidad pasando por el aparato sindical del estado. La resistencia más dura la encontró en la judicatura y el cuerpo policial, que miraron de aguantar las embestidas de la formación islamista. Los Heramnos Musulmanes intentaron descabezar el régimen desde sus cargos medios, engrasando la ira de una masa funcionarial que se veía apartada del nuevo pastel, en el que creían que simplemente serían reciclados. A eso cabe sumarle las crisis de suministros, los cortes eléctricos y tantas otras crisis que, fabricadas o no por el boicot funcionarial, llevaron a la desesperación popular contra la hermandad.
Esta dio la legitimidad final al ejército para tomar una decisión que ansiaba tomar desde hacía meses y en la que, como comento en el anterior post, alimentó con ganas. Los Estados Unidos, que intentan apelar a la legitimidad democrática pero se niegan a catalogar de golpe lo sucedido ayer, se ven descolocados y sin argumentos reales ante el paso militar. Amenazan, porque es lo único que pueden hacer, con retirar la ayuda económica a las fuerzas armadas egipcias. 1300 millones de dólares anuales. Pero los militares saben que eso no va a suceder. La Casa Blanca se juega mucho más que defender a 4 líderes islamistas que por mucha devoción liberal que hayan demostrado no dejan de representar el fantasma político que los republicanos americanos no paran de atiar contra Obama. Aunque se haga el sorprendido el propio Pentágono reconoció que los ministros de defensa de los dos países habían estado en contacto telefónico en los últimos días.
Por muy popular que sea la caída de Mursi, que lo es, no debemos volver a cegarnos con lo sucedido en Egipto. La experiencia nos confirma que las Fuerzas Armadas egipcias tienen objetivos muy distintos a los gritos de Pan, Libertad y Justicia Social de las marchas de enero de 2011 y que su paso dista mucho de ser una concesión al pueblo, al que vuelven a utilizar a su antojo. La decisión de ayer, aunque evidentemente tendremos que ver que consecuencias trae, ha dado fuerza a elementos clave del antiguo régimen y ha vuelto a demostrar quien dicta los pasos de la transición egipcia.
Que la alegría por la deposición de un tirano no lleve a confundir los términos y apoyar una institución que sigue representando el corazón del régimen del que el pueblo pidió su caída hace ya unos cada vez mas lejanos 2 años y medio. De los cuales 18 fueron marcados ya por el firme dictado militar. Y espero que la amnesia colectiva que parece reinar no impida a la gente recordar de que estamos hablando.
Un paso adelante y alguno para atrás, pero la revolución, si los egipcios quieren, continua.




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