dijous, 7 de febrer de 2013

La guerra del ladrillo sacude Egipto

Articulo publicado en el periòdico Berria.info
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El polvo de la obra llena el ambiente desde hace meses. Los gritos de los albañiles resuenan desde buena mañana compitiendo con el canto de los muecines. La calle Edfu, en el barrio de Ibrahemiya de Alejandría, es un claro ejemplo del descontrol urbanístico que vive Egipto. Pese a que la normativa especifica que no se pueden construir edificios de más de 3 plantas no se encuentra ni un solo piso que tenga esa altura. De hecho hay dos que tienen 20. Es decir, tienen 17 pisos fuera de normativa.
Uno de ellos se ha levantado en no menos de dos semanas, el otro, tres cuartos de los mismo cinco meses atrás. “Los alzan rápido para poner una mesa, luz y una cama en el último piso y de esta forma no se pueden demoler sin una orden judicial que nunca llega” afirma Ahmed Youssef, el capataz de la obra. No tienen ningún permiso y los hipotéticos planes de construcción no han sido avalados por nadie. Es la voracidad de la especulación urbanística, desatada especialmente tras la revolución.
“La especulación siempre existió en tiempos de Mubarak pero todo esto se ha multiplicado sin control tras la revolución” afirma Mohamed Lotfy, un propietario de la zona que afirma que le han ofrecido cifras astronómicas por derrumbar su casa y construir un nuevo mamotreto. “Ahora la policía ni controla y tampoco queda claro cual será la nueva política, por lo que los inversores aprovechan el hueco antes de que nadie tome el poder” añade.
Los motivos del crecimiento de la especulación tras la revolución son varios. Por un lado se encuentra la laxitud policial, que como chivo expiatorio de la revolución practica habitualmente una huelga de brazos cruzados y hace la vista gorda ante las irregularidades. Por el otro las ansias de negocio de unos inversores que quieren aprovechar el vacío de poder generado por la revolución antes de ver quién va a distribuir los permisos, tradicionalmente muy controlados por un régimen basado en el amiguismo.
Pero la especulación urbanística sin control lleva a la tragedia. El pasado miércoles 16 de enero un edificio de seis plantas se desplomaba en el barrio de Maamoura, en Alejandría. El edificio, construido sin permisos, no tenía ni 5 años. El accidente se llevaba por delante la vida de 23 personas. Esa misma mañana negra otro incidente parecido tenía lugar en la provincia de Dakahleya, muriendo dos personas más y teniendo que rescatar una decena más de entre los escombros.
La situación no es nueva. Decenas de edificios construidos sin permisos se han derrumbado alrededor de Egipto en los últimos tiempos. La situación es especialmente difícil en Alejandría donde en los últimos seis meses 23 edificios se han hundido, dejando 35 muertos y 42 heridos tras ellos. O lo que es lo mismo, desde que Mohammed Mursi es presidente hay un muerto por el colapso de un edificio cada cinco días. Y solo en Alejandría.
Según fuentes ministeriales, en los últimos años se han detectado la construcción de más de 324 mil edificios sin permisos en todo el país. 14500 son en la ciudad de Alejandría, el 75% de los cuales tras la revolución. “Nos harían falta 200 años para acabar con los edificios ilegales solo en Alejandría” afirmaba el doctor Hassan Alam, responsable del ministerio de la Vivienda. 200 años y 51 millones de euros, según los mismos informes, sólo para emprender las acciones judiciales necesarias. Y eso que la ciudad mediterránea solo ocupa el puesto octavo en la lista de provincias en que más edificios ilegales se han detectado, a la par con la capital cairota.
Pero la poca estabilidad del suelo alejandrino, entre la costa mediterránea y el lago Mariut, ponen en riesgo las construcciones y amenazan con “nuevos desastres”, según anunciaba el mismo doctor Alam. “El 80% de los edificios en Alejandría deberían ser derruidos gubernamentalmente” afirma citando un estudio universitario el prestigioso arquitecto Mamdouh Hamza, quién afirma que las construcciones están bajo riesgo. Pero los elevados costes descartan que la medida se pueda tomar en breve y, de esta forma, los alejandrinos sortearan la muerte por gracia divina.
El resultado, una ciudad sin ley ni orden. Las nuevas construcciones sin planificar generan problemas de suministros eléctricos en la zona, que desde que proliferan los nuevos edificios sufren cortes cada vez más frecuentes en una red no preparada para la sobrecarga. Además las construcciones han hecho proliferar las mafias de seguridad. Ante el rampante desempleo, grupos de jóvenes matones se disputan los edificios para establecerse como vigilancia privada de los mismos. En el mismo barrio de Ibrahemiya la pasada primavera se producía una gran pelea por el control de un edificio. La pelea estuvo servida hasta altas horas de la mañana sin que la policía, con una comisaria a 200 metros, interviniese. El resultado, un joven de 15 años moría fruto de la pelea. Sin que el edificio estuviera aún alzado.

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