diumenge, 24 de juny de 2012

Un régimen que no ha muerto


Articulo publicado en el portal Gunguinbali.com:

16 meses después de la caída de Mubarak, a las puertas de que la junta electoral descubra quién es el futuro presidente, la revolución egipcia, o más concretamente la transición política, se encuentra entre la espada y la pared.

Dos candidatos que se han auto-proclamado presidentes y que no parecen dispuestos a acatar una derrota. O lo que es peor, a acatar la victoria de su rival después que las urnas de los militares nos depararan una segunda vuelta que no era más que la enésima repetición del agotador escenario que este país vive desde hace más de 60 años. La guerra que desde 1954 protagonizan militares y Hermanos Musulmanes devolvió el país a la misma dialéctica de siempre: islamofóbia, miedo, amenazas y, sobre todo, muchas mentiras cruzadas. Algo que parece querer abocar el país a su fragmentación mientras se le añaden fantasmas como la seguridad, la amenaza terrorista, las relaciones bélicas con la vecina Israel y, en ultimo momento, el fantasma de la muerta del rais Mubarak. Todo ante la atenta mirada de una juventud revolucionaria que se pregunta dónde fue aquella revolución que, precisamente, pedía acabar con esta absurda y eterna dicotomía y una masa de población que se ha visto forzada a escoger “el diablo menos malo”.

Todo revestido de pretendida democracia pese a un proceso electoral cojo de origen, cargado de irregularidades, que ha sido tutelado militarmente y que cuenta con la escandalosa supervisión de una Junta Electoral controlada por los altos cargos de la judicatura mubarakista. Aquellos que en el pasado habían protegido los pucherazos de Mubarak iban ahora a defender la impolutez de las urnas de la Junta militar.
Pero eso no acaba aquí puesto que los militares han decidido controlar ahora las competencias del futuro presidente. Ante la amenaza de que pudiera resultar el islamista Mursi puso en práctica un juego de trileros que desposeyera a los Hermanos de su único (e inútil) bastión de poder perpetuando, de paso, la tutela militar del proceso. Se reserva el poder legislativo, el control de la redacción constitucional y el control mientras recorta todos estas competencias de la cartera presidencial. Todo mientras añade que el próximo presidente, sea quién sea, lo será por un periodo corto.
6 meses prometieron los militares que se quedarían en un principio y ya vamos camino de triplicar esa cifra sin tener un horizonte claro.

Egipto no ha necesitado la esperpéntica imagen de un Antonio Tejero pistola en mano mandando callar a todo un parlamento para escenificar todo un golpe de estado a la transición. Ni siquiera le ha hecho falta para disolver el primer parlamento desde la caída de Mubarak.

Solo ha necesitado que los fantasmas del antiguo régimen revivan por si mismos. En pocas semanas los tribunales, encabezados por los mismos que lideran la comisión electoral, permitieron la presencia del antiguo régimen en las urnas, han disuelto el parlamento de mayoría islamista, han reavivado parcialmente la controvertida ley de emergencia y han garantizado la absolución a los altos responsables de la muerte de manifestantes.

Los militares están empezando a agotar hasta a sus más fieles aliados quienes les empiezan a exigir que cumpla con los prometido. Los Hermanos Musulmans, víctimas ahora de la propia trampa que ellos ayudaron a tejer, vuelven a buscar desesperados la ayuda de las fuerzas populares. Todo por lo legal. Por las leyes que escribió en su momento Hosni Mubarak y que aún siguen rigiendo el país que le obligó a dimitir y que pedía la caída de su régimen.

Un régimen que incluye sus leyes, aunque parece que algunos no lo hayan querido tener en cuenta.

El régimen revive. Si es que en algún momento alguien lo dio por muerto.

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