dijous, 6 d’agost de 2015

El canal nuevo del emperador

Egipto se ha vestido de gala. Los periódicos nacionales salpicando orgullo nacional. 3 horas y media de emisión en directo por la televisión pública de la histórica, casi faraónica, efeméride. Incluso con la música de Juego de Tronos de fondo. Los cazas franceses Rafale dibujando la bandera egipcia al viento mientras el histórico yate Mahrousa se abría paso por el nuevo camino con su presidente-general-mariscal encabezando la expedición. La imagen era un poco esperpéntica. El general saludaba sin parar pese a que las imágenes de televisión no lograban enfocar a quién recibía tan insigne saludo. Simplemente se veía el desierto. Al lado del presidente Sissi (quien vestía con todas sus acreditaciones militares pese a que en 2014 aseguró haber dejado el ejército para participar en las elecciones que ganaría con un 96,1% de los votos) estaba, bandera egipcia en mano, el niño Omar Saleh. También vestido de militar y de quien todos los medios han contado la historia: un niño con cáncer cuyo sueño era encontrarse con el presidente y agitar la bandera nacional en la inauguración del nuevo canal de Suez. El atento presidente siempre está ahi para cumplir los sueños de su gente. Detrás del barco del general Sissi, otra embarcación llevaba a los invitados internacionales. El presidente francés Hollande, junto a Mahmoud Abbas, el primer ministro griego Alexis Tsipras (quien parece estar cogiendo gusto a fotografiarse junto al general egipcio), la ministra española de Fomento Ana Pastor o el portavoz del parlamento de Corea del Norte Kim Yong Nam. Lo curioso: todos iban en un barco que se llamaba "los piratas"

Egipto ha inaugurado a bombo y platillo "el nuevo canal de Suez". "El regalo de Egipto al mundo," según las pomposas palabras de Sissi. Tecnicamente, sin embargo, no se trata de un nuevo canal. Simplemente de una extensión. Esta tiene 35 km nuevos frente a los 168 del canal original. 
Su objetivo es descongestionar un canal que, en realidad, ha dejado de estar congestionado en los últimos tiempos.  La obra puede recortar un 40% el tiempo, pero solo un 4% los costes, según los expertos. Sin minusvalorar la espectacular rapidez en la que ha sido construida (un tercio del tiempo que se estimó originalmente), sí que parece más dudosa su necesidad técnica e económica. El canal de Suez es todavía hoy una de las principales fuentes de ingreso del estado egipcio, aunque la mayoría de sus remesas acaben atrapadas en la red clientelar formada por las fuerzas armadas desde los tiempos de Sadat.  Pero el numero de barcos que pasan por el canal sigue siendo un 20% menos que en 2008. Hace unos meses no llegaba a cubrir el cupo de 78 barcos diarios. En Egipto no se para de repetir que esperan que el número de barcos se doble para el 2023, lo que implica un aumento anual del 10%, algo que parece muy lejos de suceder a día de hoy, con un crecimiento estancado de tráfico marino que no excede, a escala gobal, el 3,4% y con cada día más rutas alternativas que ofrecer. La "nueva ruta de la seda" que une en tren Madrid y Pequín es una, pero la apertura de vías marítimas en el norte del planeta es también una constante. 
No queda claro como se recuperaran los cerca de 6200 millones de euros invertidos. Nadie ha dado explicaciones mínimamente verosímiles de que realmente se hayan hecho estudios en este sentido. Pero con los 27 millones de euros invertidos en la fiesta, a cargo de una larga lista de esponsores entre los que se encuentran destacados magnates mubarakistas, el objetivo parece otro. Con ese dinero se hubieran podido pagar 400 profesores y más de 2000 doctores. Durante 10 años. Pero esa no debe ser la prioridad por ahora. Lo prioritario es vender como una obra faraónica., com un regalo de Egipto al mundo, ese canal. 
En esa campaña se han llegado a pagar 170 mil euros en contratar la portada del semanario The Economist para hacer creer que el rotativo loaba el proyecto. Eso, pese a que en su interior se encontraba un articulo bastante crítico con el mismo
Los 6200 millones que ha costado esa extensión del canal no son para agilizar ningún trayecto de ningún barco. No son para aumentar significativamente las remesas de la Autoridad Portuaria del Canal, bajo estricto control de las Fuerzas Armadas, por cierto.  Esos 6200 millones son como aquellos que se gastó aquel otro Emperador para hacerse a medida el mejor vestido del mundo, que resultó ser transparente. Buscan la aprobación de todos. Y, de momento, el emperador se pasea y todos le ríen las gracias por su genial vestido. Temerosos de parecer estúpidos. De parecer estúpidos y, sobretodo, temerosos que su estupidez les haga estallar en la cara ese fantasma inconcreto escondido debajo del Estado Islámico. Porque Sissi, eso creen en su estupidez, les protege de ello.
Y hasta que nadie señale al emperador y se empieza a reír de su inexistente nuevo traje, todos seguirán aplaudiéndolo.
Y hoy toca aplaudir. Al nuevo canal de Suez.
Pese a que, de hecho, no sea ningún nuevo canal.




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