dimarts, 2 d’octubre de 2012

Egipto: 1.400 protestas en un mes y medio

Articulo publicado en el Periòdico Diagonal num. 182
Las autoridades egipcias llevan días intentado dar un nuevo aire a la plaza Tahrir. Han removido tenderetes, colocado algunos adoquines y plantado incluso alguna nueva planta. Algunos lo ven como un ataque al mausoleo revolucionario. Otros, como un lavado de cara necesario.

Sin embargo, ha sido uno de los últimos retoques el que más ha enfurecido a los jóvenes activistas. La noche del 12 de septiembre, la policía blindaba el trabajo de un grupo de operarios encargados de borrar los famosos murales revolucionarios de la calle Mohamed Mahmoud, contigua a la plaza. En ellos se mantenía el espíritu rebelde de la libertad de expresión a pie de calle y se homenajeaba con coloridos grafiti a los cientos de mártires, en especial a los 74 ultras del Ahly que murieron en el campo de fútbol de Port Said el pasado febrero. La noticia sorprendió a propios y extraños puesto que la Universidad Americana de El Cairo, propietaria de los muros, había expresado anteriormente su intención de no tocar los murales.

“Ataque a la revolución”
En pocas horas los artistas revolucionarios volvieron a coger sprays y pinceles y dieron de nuevo color a los grises muros de Tahrir. “Borrad, que nosotros volveremos a pintar” reza como leitmotiv uno de los nuevos murales. Los activistas no dudaron en calificar de “ataque a la revolución” una acción policial que definieron como “la mejor prueba de la traición al espíritu del 25 de enero”. “Éste es el respeto que profesa el nuevo Gobierno por nuestros mártires de la libertad?” se preguntaba, pincel enmano, el joven Ahmed.

El ataque a los murales de Tahrir se produce pocos días después de que las fuerzas policiales desalojaran por la fuerza una acampada de estudiantes en la Universidad del Nilo. Esa misma semana también llegaba la noticia de una nuevamuerte bajo custodia policial en la provincia de Daqehleya, donde una semana antes una manifestación contra la tortura sistemática en la comisaría de Meit Ghamer provocaba lamuerte de al menos un manifestante en enfrentamientos con la policía. Dos personas más morían en los enfrentamientos frente a la embajada americana en respuesta al controvertido vídeo sobre Mahoma.

Una oleada de movilizaciones
El fin del verano ha coincidido también con una de las mayores oleadas de protestas sociales desde la caída de Mubarak. El Ministerio de Interior reconocía haber registrado, entre primeros de agosto y mediados de septiembre, 1.409 protestas. Movilizaciones que se han acentuado en los últimos días.

El inicio del curso ha traído una fuerte movilización de profesores y personal universitario que ha paralizado buena parte del sector educativo. Los conductores del transporte público de El Cairo retomaron la huelga en diversos garajes después de que los acuerdos alcanzados con el Ministerio seis meses atrás no se hayan aplicado aún. El sector industrial y sanitario tampoco se quedaban al margen de la ola de huelgas.

En muchos de estos casos las protestas fueron respondidas con detenciones y violencia por parte de las autoridades. En el caso de los autobuses cairotas, se detenía al líder sindical Tareq el Baheiry, provocando la solidaridad de nuevos garajes que se sumaban entonces al parón. Mientras, el Ejército lanzaba a la calle 40 autobuses militares para romper la huelga. La policía también atacó una protesta frente al Ministerio de Agricultura y detuvo a trece trabajadoras, mientras se abrieron expedientes a una veintena de profesores por su implicación en las huelgas. La Unión de Sindicatos Independientes denunciaba en un comunicado los ataques del Gobierno de Hisham Qandil contra los trabajadores y afirmaba que se estaban reproduciendo actitudes de los tiempos de Mubarak.

Al más puro estilo del antiguo régimen, los medios de comunicación estatales criminalizaron las protestas, un discurso secundado por el partido de los Hermanos Musulmanes, ahora en el poder. Hassan Al Brins, destacado miembro del grupo islamista, llegó a denunciar que detrás de las protestas laborales había un complot contrarrevolucionario para hacer caer al presidente Mursi. Piden tiempo para aplicar el proyecto Nahda que los islamistas presentaron como caballo de batalla durante la campaña electoral, pero muchos activistas recuerdan los intereses económicos de la hermandad y temen la reproducción del antiguo modelo. Hussein Malek, una de las cabezas económicas de la formación islamista, ya ha expresado en muchas ocasiones que las políticas económicas del régimen Mubarak no eran el problema y que éste no era nada más que la corrupción de su hijo Gamaal. De hecho, grupos de derechos humanos alertaban recientemente de sus temores a que los aspectos sociales y económicosde lapróxima constitución no vayan a satisfacer las demandas populares. La Organización Egipcia por los Derechos Humanos ya alertó de los peligros que un borrador de ley pueda otorgar de nuevo excesivos poderes sin supervisión a las fuerzas policiales. Según los analistas este proyecto esconde una nueva ley de emergencia encubierta que podría dar nueva legitimidad a los viejos abusos del régimen Mubarak.


OTRA CARRERA ELECTORAL
Los tribunales declaran ilegal el Parlamento
Después de que los tribunales confirmaran la ilegalidad del parlamento egipcio y la necesidad de convocar en breve nuevas elecciones, las formaciones políticas están moviendo ficha. Parece que la experiencia de los anteriores comicios marca huella y en las últimas semanas se ha anunciado la creación de diversas coaliciones seculares para plantar cara a los poderosos Hermanos Musulmanes, que ya anunciaron que competirían por el total de las sillas. Al menos diez formaciones de izquierda han creado la Coalición Democrática Revolucionaria mientras otro buen elenco de figuras seculares se han unido en el proyecto Corriente Popular, liderado por el nasserista Hamdeen Sabahi. Al proyecto podría unirse el-Dostour, el nuevo partido del diplomático el Baradei. Los exmubarakistas parecen intentar juntar fuerzas detrás de la figura del último presidenciable Ahmed Shafiq, pese a que éste se encuentra ahora refugiado en los Emiratos Árabes huyendo de sus inacabables cuentas pendientes con la justicia egipcia. Cerca de 80 antiguos parlamentarios mubarakistas forman parte de la citada coalición de Shafiq. Mientras, los salafistas del Nour luchan por mantener la frágil unidad interna que les llevó a conseguir tan buenos resultados en los anteriores comicios.

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